Blog/Ideas
La cámara come primero
Le hacemos foto a la comida antes de probarla y grabamos el concierto en vez de escucharlo. Algo se nos está escapando, y no es lo que sale en la foto.
«La generación de Instagram vive el presente como un recuerdo anticipado».
Primero, la foto
Hace unos años se puso de moda una expresión en Instagram: la cámara come primero. Llega el plato, nadie lo toca, todos sacan el móvil. Primero la foto, luego la comida, si para entonces no se ha enfriado.
No es solo la comida. Es el atardecer que miramos a través de la pantalla, el concierto que grabamos entero para no volver a verlo nunca, la cena con amigos en la que medio rato se va en encontrar el ángulo. Estamos ahí, pero un poco por fuera: pensando ya en cómo se verá luego.
Todos tenemos un escaparate
Mostrarnos para gustar no es nuevo. Siempre hemos elegido la ropa, las palabras y las fotos de las vacaciones pensando en cómo nos verían los demás. Hace dos siglos, Brillat-Savarin ya lo decía: dime qué comes y te diré quién eres.
Lo nuevo es que ahora el escaparate está abierto las 24 horas y nunca se estropea. La versión de tu vida que enseñas se queda ahí, pulida, mientras la de verdad sigue con sus días normales. Y poco a poco se abre un hueco entre las dos: entre tu vida y tu estilo de vida.
Haz la cuenta. Si duermes ocho horas y pasas cinco con el móvil, casi un tercio de las horas que estás despierto las vives dentro de una pantalla.
Un mundo montado para la foto
Hasta los sitios se han adaptado. Hay restaurantes que eligen la vajilla y la luz pensando en cómo saldrán en Instagram, bodas organizadas alrededor del fotógrafo y escaparates con el hashtag ya pegado en el cristal. El mundo de tres dimensiones se prepara para acabar en un rectángulo.
Lo que se publica es real, claro: el plato existía y el concierto sonaba. Pero no es toda la verdad. Falta lo que no cabe en la foto: el olor, la conversación de al lado, el frío, lo que sentías justo antes de sacar el móvil.
Estar dentro
¿Qué significa estar en tu vida? No es contar los años ni acordarte de los mejores momentos. Es mucho más sencillo: es esto, ahora. Lo que estás haciendo y lo que pasa a tu alrededor.
Todos conocemos esa sensación. Cuando algo te absorbe del todo, una conversación, un partido, una tarde que se te pasa volando, desaparece la distancia entre tú y lo que estás viviendo. No te ves desde fuera. No piensas en contarlo. Simplemente estás.
Eso es lo que nos quita vivir pendientes de documentarlo todo. No el tiempo que tardas en hacer la foto, sino el hábito de mirar tu propia vida como un espectador.
Cuatro cosas para probar esta semana
Pruébalo
- Una comida al día sin foto. La que quieras. Aunque te parezca preciosa: esa, solo para ti.
- En un concierto, graba solo una canción. Elige tu favorita, grábala y guarda el móvil hasta el final. Tendrás tu recuerdo, y el resto del concierto lo habrás vivido.
- Antes de sacar la foto, mira primero. Diez segundos con tus ojos. Muchas veces ya no hace falta sacarla.
- Una cena con el móvil en otra habitación. No en la mesa boca abajo: en otra habitación. Se nota la diferencia.
Te lo decimos desde Instagram, y por eso mismo. El móvil no es el enemigo: lo que importa es elegir cuándo. Para eso estamos haciendo focco ↓